B. ¡Juven(TU)d cuéntame más!

Trabajar en sociedades de postconflicto puede ser muy complicado. A menudo se dice que la educación y su papel de promover la igualdad son cruciales para el proceso de democratización. La provisión de una amplia gama de oportunidades educativas para los jóvenes sin duda puede ayudar a fomentar actitudes democráticas, pero esto no garantiza que se adopten los patrones de comportamiento correctos. Se requiere un enfoque más específico, lo que plantea la necesidad de incorporar habilidades para la resolución de conflictos, narración de historias y la memoria como parte de el pensum escolar general y así como en las actividades extracurriculares. Por lo tanto, es necesario promover el intercambio de jóvenes como herramienta excelente para el desarrollo de la paz y la reconciliación entre las sociedades que salen de conflictos. El objetivo es fomentar el conocimiento, habilidades y actitudes prácticas que empoderan a los jóvenes para ejercer un juicio crítico y poder participar con confianza en la sociedad, dado que la educación para la paz y la reconciliación es incompatible con el dominio cultural. Si bien el aprovechar los recursos culturales locales en la gestión de conflictos y recuerdos violentos es una práctica que ha ganado gran aceptación, las tradiciones culturales son construcciones históricas arbitrarias y muy inconsistentes. El dilema de quienes trabajan en la educación es cómo utilizar los recursos culturales de un grupo específico sin que esto se convierta en estigmatización y prescripción nacionalista étnico cultural, tal como ha sido el caso en los Balcanes Occidentales

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